La tecnología detrás de las pelotas y bates de beisbol

by Ketzer

Se estima que en un partido de beisbol profesional, las pelotas se utilizan para siete disparos, así como 120 a 180 bates en una temporada

El equipo básico con el que inició el beisbol en 1845 fueron dos aditamentos que parecen simples, pero que en realidad cumplen con una enorme lista de requisitos y son sometidos a estrictos controles de calidad para poder ser utilizados en las Grandes Ligas: las pelotas y los bates.

Si bien no hay una cantidad fija sobre el número de pelotas que se usan cada partido, los expertos estiman que cada una de ellas sirve para siete disparos. Esto es, por cada 200 lanzamientos, que es la cantidad que lanzarían en promedio dos pitchers abridores durante un partido en una salida habitual, se usan 28.5 pelotas.

En cuanto a los bates, en 2011 las Grandes Ligas adquirieron más de 100 mil bates de la marca  Louisville Slugger. Un pelotero utiliza entre 24 y 26 bates en los primeros dos meses de cada campamento de primavera, luego promedian entre 120 y 180 bates por año.

Veamos un poco sobre la tecnología que hay detrás de las pelotas y los bates de beisbol:

Hilo, corcho, caucho, piel y millones de dólares

Aunque es un equipamiento “simple”, una pelota de beisbol cumple una serie de características indispensables para practicar el juego de pelota: debe ser dura, tener cierta capacidad para rebotar y su interior no contiene aire. Comenzaron a fabricarse en 1858 por la empresa Harwood and Sons. Actualmente las fabrica la marca Rawlings y en su interior les colocan un microchip que permite registrar la velocidad a la que viajan, con fines estadísticos.

Hay otras marcas como: Wilson, Rawlings, Easton, Mizuno y una serie de marcas nacionales en cada país donde se juega beisbol.

El centro es una pequeña “píldora” de corcho, que se envuelve con dos capas de caucho de distinto color y grosor. Posteriormente se enrolla con unos 370 metros de cordel de lana. Se agrega pegamento de caucho y finalmente una capa de piel de vaca cosida a mano, con 216 costuras y 2 metros de hilo rojo. Originalmente eran de piel de caballo. Mide entre 22.5 y 24 centímetros de circunferencia y un peso de 142 gramos.

Una pelota oficial de Rawlings, con el logo impreso  de un equipo de Grandes Ligas se vende en unos 300 pesos, aunque una pelota oficial de juego puedes costar hasta mil pesos. Su valor se eleva si fue usada en una jugada importante o firmada por un jugador. Ejemplo, la bola que conectó Mark McGwire para su histórico jonrón 70 en 1998 cuesta unos 3 millones de dólares.

Por sus características, esta pelota se convierte en un proyectil, que incluso puede ser peligroso. El cerrador de los Yankees de Nueva York, Aroldis Chapman posee el Record Guiness por el lanzamiento más rápido de una pelota, con 169 kilómetros por hora, el 24 de septiembre de 2010.   

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Ha habido muchas historias de pelotazos que han herido jugadores. El propio Chapman, recibió en 2014 un pelotazo en la cabeza a 159 kilómetros por hora, que le provocó una fractura de cráneo. Pero solo un pelotero ha perdido la vida por un pelotazo en las Grandes Ligas: Ray Chapman, el 16 de agosto de 1920.

Antes de llegar a un partido, cada pelota se dispara desde un cañón de aire a 97.6 kilómetros por segundo hacia una pared de ceniza blanca, donde debe rebotar a no más del 0.578% de su velocidad original, para ser aprobada.

Corazón de madera

El bate profesional debe fabricarse totalmente con madera, con pesos y medidas variables. Para Grandes Ligas, deben provenir de una pieza de madera redonda de no más de 6.99 centímetros de diámetro en su parte más gruesa y hasta 1.066 metros de longitud. Están prohibidos los bates de otro material, laminados, de algún color o experimentales. Pueden incluir una cavidad en el extremo grueso, con una profundidad de hasta dos pulgadas de ancho una de diámetro. Debe tener forma curva y no se agregan materias extrañas.

El mango puede ser cubierto o tratado, hasta un límite de 45.7 centímetros a partir de la punta del mango. En caso que sean usados en un juego, el bateador puede ser puesto fuera o bien, expulsado de un partido. Tampoco pueden ser de color diferente a natural o negro. Con los bates de aluminio, el choque con la pelota es menos elástico y permite enviar la pelota a una mayor distancia. Por eso están prohibidos en las Grandes Ligas.

Para las Mayores, los bates oficiales son de la marca Hillerich and Bradsby, desde 1884, cuando Bud Hillerich, el hijo de un carpintero de la ciudad de Louisville, Kentucky fabricó un bate para Pete Browning, estrella del equipo local, a quien apodaban el «Slugger de Louisville».

Se dice que ese bate ayudó a Browning a conectar tres hits esa noche y cobró tanta fama que los pedidos aumentaron. Hillerich convenció a su padre de dedicarse exclusivamente a fabricar bates al gusto de los peloteros profesionales. Esto aumentó la preferencia de los peloteros.

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Para 1905, Honus Wagner, acordó el primer contrato de publicidad con la marca de Hillerich, por usar bates con la marca impresa. Este fue uno de los primeros patrocinios deportivos en la historia. Desde aquel episodio más de ocho mil peloteros profesionales han firmado contratos con Hillerich para usar un Louisville Slugger, utilizado por el 80% de los jugadores.

Cuando el pelotero tiene contrato de publicidad con esta empresa, su firma se estampa en el madero, así como un bono entre cinco y diez mil dólares por su firma más regalías por ventas al público. El resto, tiene sus nombres estampados con letras de molde.

La tecnología detrás de los bates

Hasta 1980, los bates profesionales se hacían con un torno que presionaba la madera por sus extremos y hacia girar a gran velocidad. Posteriormente, un artesano esculpía y lijaba la forma del bate de acuerdo a las exigencias del jugador.

Para su fabricación se utiliza la máquina CNC Multibat 3, una máquina computarizada que tornea en segundos  trozos de madera macerada de alta calidad. Esta máquina puede generar cientos de bates por hora y hasta 1.8 millones de bates al año, tanto profesionales, como para aficionados.

La fábrica, además, resguarda las especificaciones de cada pelotero profesional que ha blandido sus bates o sus contratos de publicidad. Es decir, parte de la historia del béisbol esta resguardada en sus sótanos y permiten hacer réplicas computarizadas, en segundos.

La madera es de fresno blanco, arce o maple, especialmente cortado para moldear bates, en piezas llamadas “billets”, provenientes de bosques de los estados de Pennsylvania o Nueva York. Para aumentar su resistencia, los trozos de madera se someten a un proceso de secado y maceración que puede durar incluso algunos meses con el fin de para compactarla. Posteriormente se trasladan a la fábrica de Hillerich and Bradsby.

Por su peso son asignados específicamente para cada jugador. Finalmente, se moldean, marcan, pintan y empacan. Si hay alguna imperfección, se devuelve inmediatamente.

Las excentricidades de la personalización

Desde 1984, Chuck Schupp, director de Béisbol Profesional de la empresa, se reúne con cada pelotero de Grandes Ligas para ayudarles a elegir el tipo de bate que usará.

«Le proporcionamos bates a todos los equipos de Grandes Ligas, Ligas Menores y hasta las Ligas Invernales. Cada jugador le indica a su encargado de equipamiento los bates que necesita. Tras aprobar la cantidad necesaria de bates, le damos al pelotero el modelo específico según su gusto, tenga o no contrato con nosotros».

La empresa cuenta con un “muestrario” con los diferentes modelos disponibles. Los peloteros piden ciertas modificaciones que realiza la máquina CNC. «Es un proceso difícil para los jugadores jóvenes que eligen por primera vez un bate a su medida, en una selección de la que depende el impacto en su actuación. Nosotros les damos esa asesoría. Los veteranos ya saben lo que quieren y se mantienen con el modelo que les funciona».

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Pero también tienen que complacer los caprichos o supersticiones de los jugadores: «Los peloteros buscan que la madera sea más dura porque creen que así el bate es más rendidor. Eso es falso porque todas las piezas vienen de los mismos ‘billets’.

“Piden más bates negros porque creen que con la pintura negra los bates son más compactos, pero igualmente los de color natural son laqueados con un barniz. Un pelotero me dijo que hacía mejor swing con un bate negro que con uno natural. Yo le dije ‘Wow…si eso es lo que tú crees está bien; lo que sea mejor para ti’. Pero eso es sólo una percepción mental.»

Entre los bates más raros, el experto señaló el modelo MC67 para el receptor Brian McCann, que se fabricaba con los «billets» más livianos, moldeando un mango muy finito con un barril muy grueso, generalmente entre 850 y 907 gramos.

Mientras que el jardinero Josh Hamilton, utilizaba un modelo H359 de arce, con longitud de 89 centímetros de largo y 992 gramos. Además, al lado de su firma se agregaba un pasaje de la Biblia.


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